EL PORFIRIATO Y LA REVOLUCION EN YUCATAN

 

Tomado de: Centenario del Palacio de Gobierno.
Gobierno del Estado de Yucatán, Mérida, 1992, pp. 53-68

 

    En Yucatán se ha denominado "porfiriato henequenero” [1] al período entre 1901-1911 del gobierno de Olegario Molina (electo en 1901 y reelecto en 1905) y su hombre de paja, Enrique Muñoz Arístegui, que se caracterizó por la monopolización del comercio del henequén por parte de una élite de hacendados apoyada por Molina, gobernador y comerciante, aliada a los compradores estadounidenses, por los abusos dictatoriales de la  administración molinista para apoyar el régimen de casi esclavitud de las haciendas henequeneras y los despojos de tierra de los pueblos, así como por la proliferación de obras públicas y mejoras materiales, todo en consonancia con la administración de Porfirio Díaz en el poder federal.

El centro de la ciudad de Mérida a inicios del siglo XX. (Tarjeta Postal)

 

   Precisamente el día de las elecciones de 1905, a las que Molina se presentó como candidato único, al cierre de las casillas, cientos de personas acudieron al Palacio y gritaron vivas al Presidente Díaz y al reelegido gobernante, quien agradeció con breve discurso las manifestaciones de adhesión. [2] Entre las obras del porfiriato destacan el Palacio de Gobierno, las vías de ferrocarril, la Penitenciaría Juárez, el Hospital O'Horán, el Asilo Ayala, así como la pavimentación de calles y obras hidráulicas y de electrificación en la ciudad de Mérida y principales localidades del Estado.

Arco de la colonia cubana en Yucatán en conmemoración de la visita presidencial de Don Porfirio Díaz, 1906. (Tarjeta Postal)

   La visita del dictador Díaz en febrero de 1906 marca el clímax del Porfiriato en Yucatán Durante la estada de Díaz en Yucatán se inauguraron varias obras públicas y se efectuaron ostentosas fiestas y celebraciones, varias de las cuales tuvieron como escenario el Palacio de Gobierno. Aún cuando a nivel nacional la estrella del Porfiriato comenzaba a declinar, en nuestro Estado su régimen vivió durante esa visita uno de sus momentos de mayor esplendor. En el Palacio se ofrecieron dos regios banquetes para 200 invitados cada uno, y frente al balcón principal se organizaron dos desfiles. El más importante fue el denominado “paseo histórico” consistente en la representación de nuestra historia de la Época maya a los tiempos de la dictadura. Al final de este desfile se llevó a cabo la exhibición de un busto de bronce del Presidente. El último día de la visita, fue develada por su autor, el escultor italiano Michele Giacomino, una placa de bronce conmemorativa de la estada presidencial. A propósito, durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado la placa fue retirada de su sitio en el ángulo sureste de la fachada principal del Palacio pero hasta hoy podemos ver las huellas de los clavos que la sostuvieron.[3]

El Presidente Porfirio Díaz, acompañado del Gobernador de Yucatán, Lic. Olegario Molina, la comitiva presidencial y la élite de hacendados henequeneros. (El Tiempo Ilustrado. Marzo de 1906).

El “morenismo

 

    La consolidación del cerrado y reducido grupo oligárquico alrededor del Lic. Molina Solís, a la que el Gral. Alvarado llamó “casta divina”, había desplazado a las facciones que originalmente detentaban el dominio del mercado henequenero. Así, ahogados por una política que forzaba los precios a la baja, los hacendados desplazados por aquella élite intentaron hacerse del poder político mediante la promoción de un partido opositor al molinismo en el ámbito local pero abiertamente porfirista al nivel nacional. Mediante sus recursos económicos y su experiencia política, lograron conformar un amplio movimiento de masas campesinas en torno de la candidatura del Lic. Delio Moreno Cantón. La oligarquía también se preparó para las elecciones, que se celebrarían en noviembre de 1909. En septiembre de aquel año fue proclamada la candidatura de Enrique Muñoz Arístegui, gobernador interino y uno de los más cercanos socios de Olegario Molina. El partido en el poder preparó una magna concentración en favor de su candidato, misma que debía terminar con un mitin en la Plaza de la Independencia. La manifestación fue interrumpida con insultos y amenazas por cientos de “morenistas” quienes, situados frente al Palacio de Gobierno, dirigían sus gritos también contra los funcionarios que ocupaban los balcones del edificio. Todo esto motivó la intervención de la policía, que procedió a detener a varios de los revoltosos. [4]


Llegada del Lic. Delio Moreno Cantón a la Plaza de Independencia, 1913 (Col. L. Martínez Guzmán).

 

   Aún cuando la oligarquía logró salvar -mediante un escandaloso fraude- el obstáculo electoral del “morenismo”, sus días en el mando político estaban limitados por la situación nacional. La rebelión maderista de 1910 desplazó rápidamente y sin muchos esfuerzos a la decadente administración porfirista. Pese a ello, los miembros de la "casta divina" continuaron su dominio sobre la economía durante el maderismo y el huertismo.

Llega el constitucionalismo

   El constitucionalismo que triunfó sobre Victoriano Huerta en agosto de 1914, ocasionó profundos cambios en la sociedad yucateca. El primer gobernador constitucionalista de Yucatán, Mayor Eleuterio Avila, intentó quedar bien “con dios y con el diablo”. Primero, conforme a la política del constitucionalismo, decretó la liberación de los peones sojuzgados en las haciendas henequeneras, pero días después, ante la airada reacción de los hacendados, nulificó en la práctica esa disposición mediante dos circulares. También decretó un préstamo forzoso de 8 millones en favor de la revolución constitucionalista, pero cuando Carranza le exigió que impusiera un nuevo empréstito, se negó, aduciendo que afectaría gravemente los intereses del Estado.

Gobernador Constitucionalista Mayor Eleuterio Ávila, en el balcón principal del Palacio de Gobierno. (Col. L. Martínez Guzmán).

    Durante la breve administración de Eleuterio Ávila se dio un movimiento rebelde debido a la orden de traslado del batallón "Cepeda Peraza", uno de los dos cuerpos del Ejército que se hallaban en el Estado. El jefe de dicho batallón, Cor. Patricio Mendoza, se declaró en rebeldía al enterarse de que, además de trasladarse a Veracruz, debía entregar el mando al también coronel Juan Cruz. El día 4 de enero de 1915, a las cuatro en punto de la tarde, los rebeldes atacaron el Palacio de Gobierno, defendido por el propio gobernador Avila, quien, al frente de su escolta particular y numerosos civiles simpatizantes del constitucionalismo, obligó a retroceder a los agresores. Simultáneamente, los infidentes habían atacado los cuarteles de la Policía Municipal de Dragones y de la Comandancia Central, pero fueron rechazados en todos los puntos y obligados a huir hacia el oriente del Estado. Las fuerzas del gobierno los destrozaron completamente en un combate en la localidad de Dzemul, pero los desorganizados restos de la columna rebelde lograron escapar hacia los montes cercanos de Temax. [5]

    Pocos días después el Mayor Avila fue sustituido por el Gral. Toribio V. de los Santos. Con este gobernador entró en vigor el decreto de liberación de los peones del campo, lo que le valió la enemistad de los hacendados. Además, varios de sus colaboradores cometieron absurdos atropellos contra la ciudadanía, por lo que tampoco contó con el apoyo popular. De los Santos comisionó al entonces Comandante Militar de Mérida, Coronel Abel Ortiz Argumedo, para terminar de manera definitiva con los rebeldes; pero éste en vez de enfrentarse a ellos, se declaró en rebelión el 9 de febrero, por lo que regresó violentamente a la capital del Estado con la intención de tomarla. Enterado el Gral. de los Santos de la infidencia, y considerando que no tenía elementos suficientes para enfrentarla, resolvió evacuar la plaza al día siguiente. Ortiz Argumedo hizo su entrada a la ciudad de Mérida al frente de sus tropas, a las que se unieron los rebeldes del batallón de Manuel Irigoyen Lara, quien fue designado Secretario General interino. [6]

   Una gran multitud se hallaba reunida frente al Palacio de Gobierno en espera de noticias oficiales sobre los sucesos y exigía la muerte de varios colaboradores del depuesto Gral. De los Santos.[7] Ortiz Argumedo salió al balcón principal y anunció a la multitud que se había integrado la Junta de Gobierno para defender la soberanía del Estado y que se hacían esfuerzos para obtener el reconocimiento del Primer Jefe. [8] Efectivamente, Ortiz Argumedo intentó obtener el reconocimiento de Carranza, pero éste no contestó ninguna de sus comunicaciones ni recibió a los comisionados enviados por el rebelde para conferenciar con él.[9] Por el contrario, Carranza ordenó a su jefe de operaciones en el territorio de Quintana Roo, Gral. Arturo Garcilazo, combatir inmediatamente la rebelión. [10] Pero Garcilazo, quien acababa de protagonizar un escandaloso incidente relacionado con la explotación del chicle y la compra de una lancha, [11] aceptó una invitación de Ortiz Argumedo para conferenciar pacíficamente en la ciudad de Mérida. La reunión entre el comandante constitucionalista de Quintana Roa y los rebeldes argumedistas tuvo lugar en el Palacio el18 de febrero. Frente a la sede del Ejecutivo se congregó una gran cantidad de gente en espera de los acontecimientos. Al concluir la junta, Garcilazo salió al balcón de honor y se dirigió al pueblo para comprometerse a interceder ante Carranza en favor del movimiento de Argumedo. [12]

Soldados constitucionalistas son observados por yucatecos a las puertas del palacio de Gobierno. (Col. L. Martínez Guzmán.)

El gobernador constitucionalista, Gral. Salvador Alvarado,

 

    De cualquier forma, el Primer Jefe ya había designado al Gral. Salvador Alvarado como Comandante de la zona sureste del Ejército Constitucionalista, con el encargo de acabar la rebelión. Alvarado, quien también ostentaba el nombramiento de Gobernador de Yucatán, venía al frente de más de siete mil hombres, apoyados por artillería y aviación. Ortiz Argumedo decidió hacer frente al Ejercito Constitucionalista, y logró reunir más de cuatro mil hombres13] Además, dispuso de todos los fondos gubernamentales y de la existencia del Banco Peninsular Mexicano con el pretexto del equipamiento de sus fuerzas.[14] Las hostilidades comenzaron el 14 de marzo en las haciendas campechanas de Poc Boc y Blanca Flor y culminaron en Halachó dos días después, con la total derrota de los sublevados. El 17 Ortiz Argumedo abandonó precipitadamente el Palacio de Gobierno, y huyó rumbo a La Habana ese mismo día. [15] El día 18 llegó a la ciudad de Mérida el Dr. Víctor A. Rendón, quien iba a ser secretario de gobierno durante la administración del Gral. Alvarado, y desde el balcón principal del Palacio ofreció plenas garantías a la población.[16]

El Gobernador Salvador Alvarado con su gabinete en las galerías de la planta alta del Palacio de Gobierno.

    Al día siguiente hizo su entrada a la capital del Estado el Gral. Alvarado. Poco después de tomar posesión del Palacio de Gobierno, el nuevo gobernante dirigió al pueblo de Yucatán un mensaje desde el balcón principal. [17] Posteriormente, convocó a los hacendados y comerciantes a una reunión en el Palacio en la que les manifestó que su gobierno haría efectivos los ideales de la revolución constitucionalista, los invitó a colaborar con él y señaló que no permitiría que nadie obstaculizara sus proyectos. [18] Y efectivamente, el Gral. Alvarado no permitió, a lo largo de sus casi tres años de gobierno, que los opositores a sus reformas obtuvieran el menor éxito. El militar norteño concebía un Estado fuerte y nacionalista como la premisa del desarrollo económico y social de la entidad. La acción gubernamental debía controlar -en su concepto- absolutamente todos los hilos de la vida política, económica, social y cultural de la sociedad. Para ello desplazó al grupo oligárquico, se alió con los hacendados progresistas, expulsó al monopolio norteamericano del mercado henequenero e integró un fuerte movimiento obrero, relativamente protegido con medidas populistas, para servir de apoyo a su política revolucionaria.

    Alvarado consideraba la educación como un instrumento importantísimo y necesario para complementar el proceso de reformas. Por esto incautó "La Revista de Mérida", cuyas páginas desorientaban e inculcaban los valores de la oligarquía, y fundó "La Voz de la Revolución", publicación oficiosa que difundía los ideales del constitucionalismo. Como parte de la educación, contemplaba también una campaña de desfanatización enderezada especialmente contra el clero católico, uno de los sectores más retrógrados de la sociedad. El 24 de septiembre de 1915 se realizó una violenta manifestación anticlerical que culminó con la invasión de la Catedral y la destrucción de imágenes religiosas y objetos de culto. Aunque es poco creíble la versión difundida por algunos escritores yucatecos, que afirman que el Gral. Alvarado contempló esos hechos desde el balcón principal del Palacio, [19] lo cierto es que, pese a que se perturbó el orden público y se ocasionaron graves daños materiales, no se realizó ninguna investigación ni se detuvo a nadie. [20]

   En el proyecto alvaradista, la incorporación de la mujer a la vida pública fue una de las preocupaciones mayores. Además de organizar dos congresos feministas, el gobierno de Alvarado les reconoció la igualdad civil, instauró el divorcio y abrió plazas de trabajo en la administración pública para las yucatecas.

Club femenino marchando frente al Palacio de Gobierno. (Col. L. Martínez Guzmán).

Cambios tras la muerte de Carranza

   En 1920 se desató un movimiento nacional contra el Presidente Carranza debido a su afán de imponer al Ing. Ignacio Bonillas como candidato a la presidencia de la República. La rebelión proclamada en el Plan de Agua Prieta, fue apoyada por las tropas federales estacionadas en el Estado y derribó al entonces gobernador Carlos Castro Morales quien, ante los acontecimientos, huyó al extranjero sin siquiera presentar su renuncia al cargo. La legislatura local, dominada por liberales carrancistas, designó como gobernador interino al Dr. Gustavo Cuevas, quien nunca tomó posesión. Los sublevados ocuparon el Palacio el 13 de mayo, desconocieron al Congreso, al Poder Judicial y a todos los Ayuntamientos de la entidad y convocaron a una reunión en el “Salón de Actos” (hoy Salón de la Historia) del Palacio, en la cual, acompañados de algunos civiles, designaron por aclamación al Lic. Tomás Garrido Canabal, como gobernador provisional. Garrido se encontraba preso en Mérida tras haber sido detenido en el Estado de Campeche por tropas fieles a Carranza. Sólo gobernó un mes. [21]

 

El socialismo de Felipe Carrillo Puerto  

    Con el apoyo y la protección gubernamentales, el Partido Socialista, fundado por Alvarado, se consolidó a lo largo del último año de su gobierno y durante los dos primeros de la administración de Carlos Castro Morales. Sin embargo, la radical evolución ideológica de la organización chocó con los postulados liberales del Presidente Carranza y llegó a un enfrentamiento abierto a finales de 1918. El Partido fue prácticamente desmantelado en 1919 pro tropas federales a cargo del Cor. Isaías Zamarripa, golpe conocido como “el zamarripazo”, pero el triunfo del Plan de Agua Prieta, con la consiguiente entronización del llamado "clan sonorensen al que el Partido Socialista se había aliado, permitió al movimiento popular impulsado por Felipe Carrillo Puerto, líder campesino de Motul, llegar al poder a mediados de 1920.

   Ya con poder en las manos, los socialistas carrillistas llevaron a la práctica, aunque de manera limitada, su programa de justicia social que privilegiaba el reparto agrario. El 1º de febrero de 1922, Carrillo Puerto, líder nato del Partido, tomó posesión como Gobernador Constitucional del Estado por un período que terminaría el 31 de enero de 1926. La toma de posesión del Gobernador tuvo características muy especiales. Después de realizar el tradicional juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución estatal, el líder socialista hizo lo mismo con los acuerdos de los Congresos Obreros de Motul (1918) e Izamal (1921). Posteriormente, desde el balcón principal del Palacio de Gobierno se dirigió en lengua maya a una enorme multitud campesina a la que incitó a emanciparse económicamente, a instruirse, y a alejarse de los templos y garitas. [22]

Felipe Carrillo Puerto. Gobernador Constitucional del Estado de Yucatán. 1922-1924.

   La administración de Carrillo Puerto se concentró especialmente en la dotación de tierras a los campesinos. Cerca de medio millón de hectáreas fueron entregadas a los trabajadores del campo en menos de dos años, en momentos en los que la política federal favorecía a los capitalistas terratenientes. Yucatán y Morelos eran prácticamente los únicos Estados en  que se hacían realidad los postulados de la Revolución en el aspecto agrario. A fines de 1923, Carrillo Puerto expidió un decreto por el cual se facultaba a las Ligas de Resistencia del Partido a solicitar la expropiación de las haciendas abandonadas.

El Gobernador del Estado Felipe Carrillo Puerto, firmando el acta de ejidos del pueblo de Xalau. 1922.

El fin del socialismo

   Esta disposición que hubiera permitido al gobierno socialista entregar a los campesinos yucatecos grandes extensiones de tierra, propiedad de los hacendados, nunca pudo aplicarse. En diciembre de aquel año unos cuantos días después de expedido el decreto, estalló una rebelión en contra del Presidente Obregón, quien se empeñaba en imponer a Plutarco E. Calles como su sucesor en el cargo, pese a que grandes sectores del ejercito simpatizaban con la candidatura del Gral. Adolfo de la Huerta. La rebelión, encabezada por de la Huerta, encendió a buena parte del país. El destacamento federal que se encontraba en Yucatán se unió al movimiento bajo el mando del Cor. Juan Ricárdez Broca, quien por su “hazaña” fue elevado al grado de general. Carrillo Puerto y un pequeño grupo de socialistas huyó hacia el oriente e intentó embarcarse rumbo a Cuba, pero fueron detenidos y asesinados días después, pese a las órdenes del Gral. de la Huerta de que les fuera respetada la vida. Aunque no se ha aclarado definitivamente la responsabilidad política de los asesinatos, sí es posible afirmar que las razones que guiaron a los rebeldes a dichos crímenes en nada se relacionaron con el movimiento delahuertista. Lo cierto es que los sublevados contaron con la simpatía de los sectores capitalistas y de la prensa local.

Felipe Carrillo Puerto y compañía yacen muertos en el depósito del Cementerio General, luego de ser fusilados aquel fatídico 3 de enero de 1924.

    El 21 de febrero de 1924, ya fracasada la rebelión, se recibió en el Estado un manifiesto del Gral. de la Huerta en el que se hacía un panegírico del movimiento y se excitaba al pueblo a apoyarlo. El manifiesto fue leído en varios lugares públicos de Mérida. Al término de la lectura hecha desde el balcón principal del Palacio de Gobierno ante cientos de personas, el Gral. Ricárdez Broca se refirió al manifiesto y lanzó duras críticas contra el Gral. Obregón. [23] El 28 de marzo, cuando todo estaba completamente perdido, llegó a Mérida una comisión de diputados encabezada por Jorge Prieto Laurens, uno de los más importantes líderes civiles del delahuertismo, quien ese mismo día pronunció un discurso desde el balcón principal del Palacio ante centenares de simpatizantes del movimiento. Prieto habló de los ideales de la rebelión, elogió entusiastamente al Gral. de la Huerta y externó su confianza en el triunfo final de su causa. [24] Menos de tres semanas después, el 17 de abril, arribaron al estado las fuerzas obregonistas al mando del Gral. Eugenio Martínez. Acompañaron a los militares los diputados federales yucatecos Miguel Cantón, José Ma. Iturralde Traconis y José de la Luz Mena.

    El diputado Cantón habló desde el balcón principal del Palacio a una multitud reunida en la Plaza. Manifestó que traía la encomienda del Gral. Obregón de restablecer la constitucionalidad y reorganizar la administración pública; asimismo prometió que los asesinos de Carrillo Puerto y acompañantes serían severamente castigados. [25] Al día siguiente, la prensa dio a conocer un telegrama del Presidente de la República en el que invitaba al diputado federal José Ma. Iturralde Traconis a hacerse cargo del gobierno del Estado de manera provisional. Iturralde manifestó dos días después su decisión de aceptar la invitación presidencial; pero la XXVII Legislatura local, -cuyo período debió terminar el 31 de diciembre de 1923 pero que no se disolvió formalmente debido al golpe militar- eligió al diputado Cantón como gobernador interino. Cantón rindió protesta el día 21 y se instaló en el Palacio de Gobierno. El diputado Iturralde estableció su gobierno en el Hotel Colonial y convocó a la XXVIII Legislatura a sesiones ordinarias. Esta Legislatura, electa para el período que inició el 1º de enero de 1924, no había podido constituirse legalmente por causa de la asonada. Una vez instalado, el Congreso procedió a elegir como gobernador interino al diputado Iturralde. Cantón rechazó esta elección, pues consideraba viciado el mecanismo de instalación del Congreso. El 7 de mayo la situación se decidió: llegaron a Mérida dos telegramas provenientes de la ciudad de México, uno de los cuales, firmado por el Secretario de Gobernación, reconocía oficialmente a la Legislatura XXVIII. El otro, firmado por el Presidente de la República, ordenaba al Gral. Eugenio Martínez reconocer como Gobernador del Estado al diputado Iturralde. Cantón despachó en Palacio hasta el 10 de mayo, en tanto que Iturralde tuvo como sede del gobierno, hasta ese día, el cuarto número 5 del Hotel Colonial. En la mañana del día 11, Iturralde rindió protesta como Gobernador en el local del Congreso y luego tomó posesión de sus oficinas del Palacio de Gobierno. [26]

   Aún cuando al nivel nacional estallarían varias revueltas y rebeliones de cierta importancia, nuestra entidad no volvió a verse afectada directamente por ninguna de ellas. El periodo violento de la Revolución, al menos en Yucatán, había terminado.

 



[1] GONZALEZ R., Blanca. "Porfiriato Henequenero en Yucatán". En: Yucatán Peonaje y liberación,  op.cit. p.58.

[2] NOVELO, José Inés. Yucatán 1902-1906. Imprenta Gamboa Guzmán, Mérida, 1907, pp. 500-502.

[3] ZAYAS ENRIQUEZ, Rafael. Yucatán. Su pasado, su presente, su porvenir, Imprenta J.J. Little Adn Ives Co. Nueva Cork, 1908,  pp. 42-354; MENENDEZ, Carlos R. Noventa años de historia de Yucatán (1821-1910) Compañía Tipográfica Yucateca, Mérida, 1937, p. 54.

[4] BOLlO, Edmundo. Yucatán en la dictadura y la revolución. INEHRM, México, 1967, pp. 38- 39.

[5] BARRAGAN RODRIGUEZ, Juan. Historia del Ejército y de la Revolución Constitucionalista. INEHRM, México, 1985, pp.243-244.

[6] BOLlO, Edmundo. Op. Cit. p.86. GRANIEL, Guadalupe y GONZALEZ, Blanca. "Yucatán en la revolución". En: Yucatán: Peonaje y liberación. Op. Cit. p. 159; PENICHE VALLADO, Leopoldo. "Salvador Alvarado: Evocación y análisis". En: Textos y testimonios en el año de Salvador Alvarado, Gobierno del Estado de Yucatán, México, 1980, núm. 2. pp. 63-64.

[7] GAMBOA RICALDE, Alvaro. Op. Cit. Tomo II. pp. 231-232.

[8] ESCOFFIE, Manuel. ¡Ya! Libro de los buenos yucatecos. S/e, Mérida, 1955, p. 170.

[9] OROSA DIAZ. Jaime. Historia de Yucatán. Ediciones UADY, Mérida, 1989, p. 232.

[10] BOLlO, Edmundo. Op. Cit., p.87.

[11] RICHMOND, Douglas, La lucha nacionalista de Venustiano Carranza. 1893-1920. FCE, México, 1986, p. 304.

[12] ESCOFFIE, Manuel. Op. Cit., pp. 131-132.

[13] CAREY, James. The Mexican Revolution in Yucatán, 1915-1924. Westview Press, EEUU, p. 34.

[14] AGEY. Fondo Poder Ejecutivo. Sección: Gobernación. Caja 470A. Año de 1915.

[15] BOLlO, Edmundo. Op. Cit. pp. 93- 101. PAOLl, Francisco José. Yucatán y los orígenes del nuevo Estado mexicano. ERA, México, pp. 58-59.

[16] BAQUEIRO LOPEZ, Oswaldo. "Salvador Alvarado. En: Textos y testimonios en el año de Salvador Alvarado. Gobierno del Estado de Yucatán, Mérida, 1980. Núm. 6. p. 220.

[17] ESCOFFIE, Manuel. Op. Cit. pp. 85-86.

[18] PAOLl, Francisco José. Op. Cit., p. 62.

[19] ESCOFFIE, Manuel. Op. Cit. p. 170.

[20] PAOLl, Francisco José. Op. Cit., p. 157.

[21] Diario Oficial del Estado de Yucatán, 14 de mayo de 1920.

[22] PAOLl, Francisco J., y MONTALVO, Enrique. El socialismo olvidado de Yucatán. Siglo XIX, México, 1977, p. 163. El Popular, 3 de febrero de 1922.

[23] La Revista de Yucatán, 23 de febrero de 1924.

[24] SANCHEZ NOVELO, Faulo. La rebelión delahuertista en Yucatán. Diario del Sureste, Mérida, 1991, pp. 70-71. La Revista de Yucatán, 28 de marzo de 1924.

[25] SANCHEZ NOVELO, Faulo. Op. Cit., pp. 75-76.

[26] Ibid. pp. 75-78. BUSTILLOS MENDEZ, Rafael. El Gran Kanxoc. Fuentes Impresores, México, 1987, pp. 57-67. Diario Oficial del Estado. 12 de mayo de 1924.